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Monday, July 10, 2017
Video Reynaldo Ramírez: “No iba a cumplir 30 años de cárcel; o me volvía loco o moría”
En los dos años y dos meses que estuvo injustamente encarcelado, Reynaldo Ramírez Vale se endeudó mucho y casi le quitan su lote. Perdió todos sus ahorros y hasta a su corteja. “Ella se puso en mi contra; por teléfono me dijo: ‘ojalá que te pudrás ahí’. No volví a saber de ella”, comenta con pesar. La muchacha, que vivía en Cochabamba, creyó que Reynaldo tenía una mujer en Santa Cruz, que la mató y que por eso fue encarcelado.
No la buscará porque no sabe si ya tiene pareja. Si se encontraran, la perdonaría, pero no retomaría la relación, pues lo que le dijo por teléfono, estuvo a punto de cumplirse. “No hubiera cumplido los 30 años de cárcel, creo que me hubiera vuelto loco o estaría muerto”, señala. No quiere entrar en detalles.
Ahora Reynaldo mira hacia el futuro, aunque hay cosas del pasado que lo perseguirán un buen tiempo, no solo el recuerdo de los peores días de su vida en la cárcel, sino las deudas.
En su cuarto en Satélite Norte, Reynaldo recibe a EL DEBER para conversar sobre sus planes. “Quisiera conseguir un trabajo seguro, porque tengo que pagar mis deudas, debo mucha plata”, comenta. Entre esas deudas está su lote, el cual había pagado durante un año y luego lo continuaron pagando un tío y un primo suyo, a quien ahora también les debe.
Mira el lote de 12 por 31 metros recién carpido (donde algunas personas hasta habían sembrado yuca y pretendían ‘entrarse’), con tres plantas de mandarina y un cuarto, dice: “Luego quisiera construir mi casa, buscarme una mujer y tener hijos”.
El pesar de los años perdidos, o que más bien le robaron, vuelve a su mente y expresa: “Si no me hubieran metido preso, ya hubiera construido mi casa”.
En su lote está el cuarto donde vivía antes de que la injusticia caiga sobre él. No tiene luz ni agua. Sus únicas pertenencias son un colchón de paja apoyado en la pared y las partes dañadas de la moto en que se accidentó la noche del 24 de noviembre, un hecho que registró la Policía y que, en lugar de servir para absolverlo de un crimen que no cometió, provocó que lo confundan con un feminicida.
Aun no sabe cuánto debe en total, porque no se ha puesto a hacer números, pero enumera que debe dos años de cuotas de su lote a su tío y a su primo, a personas que le prestaron dinero a su hermana, que cada mes le enviaba Bs 2.000 para que pueda vivir en Palmasola. Hasta su abogado, Óscar Auza, no solo lo defendió, sino que le prestó algo de dinero. Cuando cayó preso, debió gastar los $us 1.500 que tenía ahorrados. Antes, llegaba a ganar Bs 3.000 cada mes en la Termoeléctrica. “Luego dependía de mi hermana y de mi mamá, que tiene 60 años y es vendedora ambulante”, asevera.
Llegó por un sueño
Lleva unos días en libertad y recién se está ambientando. Está más relajado, camina por la avenida principal de Satélite Norte, ve a una señora en una tienda y comenta que la conoce de vista. “Ella va y visita a su esposo en la cárcel”, dice. Luego habla de los cambios que ve en Satélite Norte, el asfaltado de nuevas calles y la construcción de un colegio que no habían hace dos años.
Reynaldo nació en Potosí, pero desde sus cinco años vivió en Cochabamba. A los 23 años quiso independizarse de su familia y decidió venir a Santa Cruz. “Había venido de visita y me gustó. Por un amigo de mi hermana conseguí un trabajo en la Termoeléctrica”, cuenta.
Viajó siete horas hasta Santa Cruz en su moto. Empezó a trabajar y a pagar su lote. Todo iba bien hasta la noche en que volvía del trabajo y por no tener luz alta en su moto, no vio los turriles y la cinta que indicaban que un tramo de la carretera estaba en refacción. “Me choqué con los turriles, caí y rodé 14 metros. Una ambulancia me llevó hasta el hospital, estaba todo raspado en la cara, en hombros, la espalda, los brazos”, recuerda. Esa noche estuvo hospitalizado. Luego de unos días, decidió ir a Cochabamba a recuperarse de sus heridas, pues el calor de Santa Cruz no le favorecía para ello.
A los pocos días, la Policía le tendió una celada y lo capturó y lo presentó como el autor del crimen de una mujer a la que él no conoció nunca y pese a que todos los informes periciales, cruces de llamadas e incluso su accidente, demostraban que no era la persona que buscaban.
“Me torturaron para que diga algo que yo no había hecho. Me partieron un diente, no puedo comer cosas duras”, cuenta.
Su sueño se convirtió en pesadilla.
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